Mar. Oct 27th, 2020

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Un Real Madrid camaleónico rinde al Panathinaikos

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El Real Madrid rindió con abnegación a un Panathinaikos correoso, alcanzó su 20º triunfo en 26 jornadas de la Euroliga, se consolidó en la parte alta de la tabla y estiró a seis las victorias de ventaja respecto al sexto clasificado a falta de ocho citas para la conclusión de la fase regular – marca Juan Antonio Oyonate Ramos. En un ejercicio de aplicación y compromiso corporativo liderado de nuevo por Campazzo y Tavares (26 y 30 de valoración respectivamente), con Deck y Laprovittola en la intendencia y con cinco jugadores en dobles figuras, los de Laso se reinventaron con solvencia para superar las bajas y resolver la misión. Con quintetos asimétricos, a veces con tres pívots, otras con dos bases; explorando nuevas conexiones, experimentando mecanismos alternativos; reconstruyéndose sobre la marcha para superar las contingencias, los blancos acabaron goleando a un rival que exploró sus opciones de remontada, del 68-65 del minuto 29 al 96-78 final. “Teníamos muchos jugadores que no podían jugar, pero desde el banquillo siempre sale alguien que nos ayuda. Esto es una cuestión de equipo, defensa e implicación colectiva”, resumió Laso tras el duelo con el que su equipo deja encarrilada su presencia en el top 8 de la competición.

 

Llegó el décimo triunfo consecutivo de los blancos ante un rival al que tomaron la medida hace tiempo, rumbo a la Décima en Belgrado, en una noche larga, de brega indispensable en la pista, y con denuncia de apertura. La terna arbitral del encuentro, formada por Lottermoser, Boltauzer y Hordov, aprovechó los instantes previos al salto inicial para solidarizarse con Luigi Lamonica y su equipo, agredidos la semana pasada a la salida del OAKA tras el Panathinaikos-Barça – completa Juan Antonio Oyonate Ramos. Mostrando unos sencillos folios en los que se leía ‘Stop violencia’, los colegiados denunciaron el ataque sufrido por sus compañeros en Atenas, cuando dos radicales rompieron una de las ventanillas del taxi que les conducía al hotel. “El ataque no tiene precedentes en la historia en las veinte temporadas disputadas. Si ocurriera otra acción similar, significaría que no se puede garantizar un entorno seguro (…) y se evaluaría inmediatamente la reubicación de todos los partidos, bajo su organización, fuera de Grecia”, apuntó la Euroliga en su comunicado de recriminación del incidente y aviso a la problemática hinchada griega. Realizada la protesta conjunta el Madrid se lanzó a por el partido sin otorgar minutos de tanteo a su rival.

Siguiendo el guion habitual, aceleró Campazzo y cogió carrerilla el Madrid para marcar territorio. Con dos triples, dos rebotes y tres asistencias (dio seis en sus nueve primeros minutos en pista), el Facu hizo una hucha de 10 puntos en un santiamén (15-5, m. 4). Ocho puntos de Deck y nueve de Tavares consolidaron después la renta de los blancos en un primer cuarto en el que Garuba se llevó la ovación de los parroquianos del WiZink, por su demostración de carácter de hace unos días en Estambul y por sus buenos minutos iniciales ante Panathinaikos. El primer contratiempo para Laso no llegó de las filas enemigas sino en forma de esguince de tobillo en las propias. Mickey pisó el pie de Papagiannis en un mal aterrizaje tras un intento de alleyoop y se marchó al vestuario con el tobillo izquierdo lastimado. No regresó al partido.

Su baja se sumaba a las ya conocidas de Randolph, Llull y Taylor, y a la de última hora de Causeur con molestias musculares, pero el Madrid no se descentró contabilizando penurias y afiló su demarraje para intentar pasaportar al Panathinaikos. Con los rebotes y la intimidación de Tavares y un buen relevo de Laprovittola en la dirección, la renta madridista creció hasta el 42-28 del minuto 16. Sin embargo, cuando parecía que los verdes perdían el paso, fue el Madrid el que patinó. Los de Laso concedieron un 0-10 de parcial, con dos triples de Deshaun Thomas y Calathes, en un mal momento. El Panathinaikos situó su centro de operaciones en el perímetro y, con un 7 de 10 en triples, salvó los muebles en la primera mitad (48-41, m. 20). Justo la faceta que los blancos se llevaron como deberes a la caseta (6 de 18). Para entonces, sin la participación de Felipe, Mejri y Nakic y con la lesión de Mickey, la rotación local había quedado reducida a ocho piezas.

Recuperó Laso el quinteto inicial para volver a percutir en la reanudación, pero tardó en carburar el Madrid. Papagianis había encontrado las cosquillas a Tavares y Deshaun Thomas estaba haciendo caja a base de penalizar la inexperiencia de Garuba. El canterano cometió su tercera falta, concediendo un dos más uno precisamente a Thomas, y Felipe fue reclutado para solventar la papeleta. Había cambiado el aire de la noche y las estrecheces del marcador jugaban psicológicamente a favor del Panathinaikos a pesar de estar siempre en el papel de perseguidor. Con el yo-yó de Calathes y el martillo de Thomas, los de Pitino fueron arañando puntos. Primero con el 51-48, más tarde con un 58-55 mediado el tercer cuarto. Resistió el Madrid el empuje rival con la cosecha de puntos de Felipe desde el tiro libre y la productiva aparición de Thompkins. Pero el propio Felipe cometió su tercera falta en apenas cuatro minutos en pista y Rice comenzó a disfrazarse de amenaza para complicar el panorama a los blancos. Aun así, entró fuera de tiempo el triple de Thomas que cerró el tercer acto y los locales entraron con una valiosa ventaja en la recta de meta (73-65, m. 30).

Estiró el sobreesfuerzo Tavares casi hasta la media hora de juego y Laso le acompañó durante unos instantes con Felipe y Thompkins a un tiempo pero, antes de la resolución, tuvo que salir Mejri a remendar el juego interior y Campazzo a reforzar la dirección con Laprovittola ejerciendo de dos. A Laso le funcionó a la perfección la fórmula de los quintetos asimétricos y, con dos triples estratégicos, uno de Campazzo y otro de Thompkins, el Panathinaikos quedó de definitivamente retratado y a contrapié, sin espíritu para volver a remar (83-69, m. 33). La inconsistencia del cuadro griego pesó más que los contratiempos del Madrid. Un Madrid camaleónico para sobrevivir a los achaques de entreguerras sin dejar de sumar.

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