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La investigación pública y privada lucha contra el Covid-19

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Ante el nuevo coronavirus, la investigación se organiza y los proyectos se multiplican, tanto desde el sector público como desde los laboratorios privados. Y, según los analistas, no solo les mueve el dinero.

Los principales actores son muy numerosos en todo el mundo: los que desarrollan las pruebas para diagnósticos, los que trabajan en las vacunas, los que prueban antivirales como tratamientos potenciales para los enfermos, comprometidos de forma más o menos activa en la investigación.

Se trata tanto de pequeños como de grandes laboratorios públicos, desde el Instituto Pasteur en Francia a los Institutos nacionales de salud estadounidenses (NIH) pasando por la Universidad de Melbourne en Australia.

En el sector privado, empresas de biotecnología también se han lanzado a la investigación para tratar de poner a punto una vacuna, entre ellas las estadounidenses Moderna Therapeutics e Inovio Pharma, seleccionadas por la CEPI, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para las Epidemias.

El laboratorio estadounidense Gilead trabaja con las autoridades chinas en la posible utilización del remdesivir, un antivírico que fue probado en el pasado para el ébola.

Algunos mastodontes también han ofrecido su ayuda, como el británico GlaxoSmithKline (GSK), que anunció que pondrá a disposición su tecnología en la fabricación de adyuvantes para las vacunas contra las epidemias.

En Estados Unidos, Johnson and Johnson dijo colaborar con los poderes públicos para acelerar el desarrollo de una vacuna, y en Francia Sanofi aporta su experiencia a la CEPI. Globalmente, los sectores públicos y privado colaboran, como de hecho lo ilustra la CEPI.

En el caso de las vacunas contra la gripe H1N1 que en 2009-2010 encargó el gobierno francés, el Estado gastó 380 millones de euros. En Wall Street, las acciones de las biotecnológicas Moderna e Inovio subieron con fuerza con el anuncio de sus investigaciones, pero cayeron de nuevo.

Hay que relativizar los ingresos que podría aportar el coronavirus: las vacunas no se venden caras. Los grandes laboratorios prefieren posicionarse en sectores como la oncología o las enfermedades raras, ya que las terapias que pueden llegar a los USD 2 millones por tratamiento.

“El negocio de las vacunas en general representa el 2% del mercado mundial de medicamentos”, diceel economista de la salud Claude Le Pen, y “si un laboratorio encuentra una terapia, en la situación actual, tendrá muchísimas presiones para que el costo del tratamiento sea bajo”.

A ello se suma el riesgo de trabajar durante meses antes de poner a punto un producto que podría no estar listo antes del fin de la epidemia, ya que los plazos son largos para los ensayos clínicos.

En cambio, según un análisis del gabinete estadounidense CFRA Research, se podrían realizar “compras más altas de antibióticos o de medicamentos contra la fiebre o el dolor” (pese a su ineficacia contra el virus SARS-CoV-2) debido a la epidemia. Estas ventas podrían, según esta nota, beneficiar sobre todo a los laboratorios chinos.

“En términos de comunicación, es lógico que un laboratorio diga ante la población o un gobierno: ‘somos actores de la salud y nos ocupamos de ustedes’”, explica  Jean-Jacques Le Fur, especialista de la industria farmacéutica para Bryan, Garnier & Co.

“Hay un prestigio científico. No hay que subestimar la motivación profesional”, insiste Le Pen. Además, para las empresas de biotecnología, “haber logrado poner a punto un antiviral o una vacuna en unos meses les dará más facilidad para acceder a financiación de su proprio programa”.

El hecho de que el virus genere problemas de suministro de medicamentos es una preocupación que manifestó la Academia Francesa de Farmacia el jueves 13 de febrero del 2020. Y es que los principios activos, necesarios para la fabricación de medicamentos, se producen principalmente en Asia: el 80% de las sustancias activas utilizadas para la fabricación de medicamentos en la Unión Europea provienen de terceros países. Solo India y China concentran el 60% de las plantas de producción.

Sin embargo, laboratorios farmacéuticos europeos, aunque atentos, están tranquilos.

“En general, tenemos varios proveedores para nuestras materias clave con el fin de limitar el riesgo de ruptura de suministro y la situación en China no es diferente”, informó el francés Sanofi.

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